Creemos que de los escritores Chilenos que han auscultado al hombre nortino con mayor capacidad psicológica y sin prejuicios, ha sido el recordado y ya desaparecido hijo adoptivo de esta tierra, don Alberto Cabero Díaz, distinguido abogado, nacido en Santiago, en 1874, cuya mayor actividad profesional y docente la desarrolló en esta ciudad. Fue Intendente de Antofagasta y de Santiago. Diputado radical por Antofagasta y, también, dos veces senador por Tarapaca y Antofagasta, miembro de la Junta de Gobierno en 1932, cuando alcanzó a ser Presidente de Chile por breves minutos.Ministro de Defensa Nacional 1938-1939. Embajador en los Estados Unidos. Autor de varios trabajos científicos y psicológicos, etc.
Hizo un estudio del hombre chileno que vació en su famoso libro "Chile y los Chilenos", obra sorprendente que le ha dado fama hasta nuestros días, porque nadie mejor que él ha definido con mayor propiedad y profundidad psicológica a los diversos tipos humanos que pueblan esta larga franja de tierra llamada Chile. De esta obra nos hemos permitido tomar una parte pertinente para completar esta definición sobre el hombre del Norte.
"CONOZCAMOS nuestras cualidades verdaderas y hagámoslas resaltar para que, aún sin salir del país, no quede borroso el perfil del alma nacional".
"Somos hospitalarios y activos; tenemos empuje, vigor físico e intelectual, una franqueza viril, un espíritu despierto, práctico, asimilativo, aventurero, simpatía individual; poseemos virtudes domésticas y cualidades guerreras y, sobre todo, un patriotismo que no se ha limitado al arrojo, al sacrificio en las guerras, se ha traducido también en la paz, en honestidad de los hombres públicos, seriedad del gobierno honradez internacional, lo que constituye nuestro orgullo nacional".
Aún hoy que la vida es dura, el pueblo es hospitalario, y las clases acomodadas, obsequiosas y liberadas. El más pobre comparte su lecho y su pan con cualquier advenedizo; en los lugares más modestos, hay amigos, parientes lejanos , viejas allegadas que hacen vida común con los dueños de casa y que viven casi siempre a sus expensas, retribuyendo el hospedaje con servicios domésticos. Esta dadivosidad demuestra los instintos de simpatía de nuestro pueblo que se manifiestan asimismo por los epítetos familiares, cariñosos y tiernos que le son tan comunes "patroncito, compadrito, hijito".
"Su espíritu guerrero lo ha llevado a servir de mercenario en las contiendas extranjeras: al lado de Francia en la guerra Franco Prusiana; por Cuba, en su lucha por la independencia; por los boers, en la Sud África; en la Legión Extranjera, en la última gran guerra.
"Preguntado el legionario chileno Ortiz, un héroe, por que había ido a combatir por Francia, respondió con sencillez; "Para ver cómo era la guerra; para que no me contaran cuentos".
"La admiración por el coraje del roto,el culto por los héroes nacionales, la fe en la superioridad de la raza, han impreso rumbos a la sociedad chilena".
"El obrero chileno tiene una conciencia colectiva de su superioridad". Este elevado concepto de si mismo lo siente de un modo confuso; lo manifiesta pidiendo los trabajos más penosos, los hace pesar sobre los obreros de otras nacionalidades, dirigiéndose como caudillo en sus resistencias a sus patrones".
"El orgullo individual en un defecto; el colectivo, una virtud que domina el egoísmo, un ideal que eleva el espíritu hasta hacer grato el sacrificio por la patria, una fuerza moral necesaria para impulsar el engrandecimiento del país.
"Los chilenos somos generalmente de carácter normal, templado, pródigo, hospitalarios, cautelosos, suspicaces, irregularmente industriosos, difíciles y tardos para entusiasmarnos, poco sentimentales, parcos en los elogios y rudos en la censura".
"Somos, asimismo, activos, sin alcanzar al optimismo y sin descender a la violencia; intelectuales, sin degenerar en abúlicos ni atropellar los fueros del corazón.
"Susceptibles a los emblemas, a los símbolos, arrastrados por ellos, más que por convicciones, reclutan prosélitos y adeptos los partidos políticos y las asociaciones obreras.
"Después de ser un pueblo de labradores, soldados y abogados, hemos sido además, marinos comerciantes y especuladores, lo que ha variado la fisonomía nacional.
"De económicos, casi avaros, hemos pasado a manirrotos; de modestos, a ostentosos y fatuos; de fanáticos, a incrédulos y escépticos. La intolerancia religiosa va desapareciendo, queda aún la intolerancia política.
"Cuando la nación fue dirigida por personalidades ambiciosas y honestas, tuvo un carácter estable y continuó; hoy han aumentado los apáticos, pirrónicos, descorazonados y el carácter nacional tiende a ser incoherente e incierto. Así, es característica hoy la violencia que momentáneamente despiertan los asuntos de interés público y la rapidez con que ella desaparece transformándose en apatía".
"Mientras gobernó una oligarquía severa, la nación fue rígida y previsora; comienza a ensayarse el gobierno de una democracia confiada e incapaz y derrochamos nuestras fuerzas y nuestros recursos.
"En las clases analfabetas, dominan los excitados-activos, audaces inscontantes, impulsivos, sensuales, incontinentes en la bebida, desaseados, desordenados e imprevisores.
"Sin íntimo sentimiento religioso, se entrega a las supersticiones con un pesimismo activo, de insaciable rebusca de cosas nuevas; lo atrae la peripecia, la aventura; con vagas ambiciones de bienestar y poder, vive al día, no se preocupa del mañana; en su atávico fatalismo, recibe impávido los vientos favorables o adversos con la estoica frase: "Que tanto será".
"Más quién sabe si esta impasibilidad ante el destino que revela una superioridad psíquica sobre los acontecimientos, que le permite acometer aventuras difíciles, travesías ignotas , empresas irrealizables, desafiar hasta la muerte con una sonrisa despectiva, esta impavidez hecha dinámica y bien encauzada, puede trocarse en potente energía, en aptitud eficiente para la lucha económica, en seguridad de triunfar.
El roto tiene muchas cualidades fundamentales, es hecho de una maravillosa madera, dura flexible, pero está sin pulir, a merced de sus instintos casi primitivos, pues no ha recibido educación moral alguna; a pesar de su vigor está destinado a degenerar o sucumbir triturado por el engranaje económico de la vida moderna cada vez más complicado , si no se le defiende, si no se combaten sus vicios atávicos si no se corrigen sus defectos del pueblo niño, con leyes sociales y una educación integral conveniente.
Esta es la obra de los dirigentes, de los legisladores, de los que guían las fuerzas espirituales del país; periodistas , literatos, sacerdotes de todas las creencias y, sobre todo, educadores".
El roto tiene muchas cualidades fundamentales, es hecho de una maravillosa madera, dura flexible, pero está sin pulir, a merced de sus instintos casi primitivos, pues no ha recibido educación moral alguna; a pesar de su vigor está destinado a degenerar o sucumbir triturado por el engranaje económico de la vida moderna cada vez más complicado , si no se le defiende, si no se combaten sus vicios atávicos si no se corrigen sus defectos del pueblo niño, con leyes sociales y una educación integral conveniente.
Esta es la obra de los dirigentes, de los legisladores, de los que guían las fuerzas espirituales del país; periodistas , literatos, sacerdotes de todas las creencias y, sobre todo, educadores".
ALBERTO CABERO escribió esta semblanza del chileno en 1926, en su libro "Chile y los Chilenos", que ha tenido hasta hoy varias ediciones. Si cavilamos un poco y nos analizamos a si mismo, con natural, sinceridad, no nos cabrá duda alguna que Cabero dio en el clavo al descubrir y decirlo sin titubeos, lo que en verdad somos. ¿No es cierto, acaso, lo del "san lunes"?. No obstante, muchos de nuestros defectos anotados por Cabero hace 40 años justos, han tenido un pulimento notable. Tal vez muchos de aquellos se hayan convertido ahora en virtudes, tales como su notable superación moral e intelectual, dándose casos, hoy normales, de que hijos de simples obreros, sean actualmente magníficos médicos, ingenieros, abogados y estupendos profesores universitarios.
En calidad laboral, el roto chileno ya no es el gañan de otros tiempos, el de 1926 o el de más antes, cuando a torso desnudo "tiraba pala" en las calicheras de las viejas oficinas Shanks. La máquina moderna en sus manos fue siendo un mero juguete, puesto que en contados días asimilaba el conocimiento de su mecanismo con esa tremenda dosis de "cachativa" que tienen todos los chilenos.
En el orden social, nuestro hombre del norte ha ascendido peldaños a grandes zancadas. Es ordenado, cumplidor de sus deberes societarios y sindicales, celoso defensor de sus fueros y derechos y estas virtudes obtenidas a través de una educación simple, pero bien dirigida por quienes le dieron leyes y garantía, han producido el milagro de que en gran parte se hayan cumplido aquellas prevenciones de Cabero anotadas en el último acápite de su trabajo que hemos transcrito.
Mirado desde el punto de vista nuestro, desde nuestro seno, el chileno no se ha quedado atascado en el camino ascendente de la Humanidad. Sigue de cerca, por cierto, el progreso material y moral de los pueblos desarrollados y asimila enseñanzas, recoje y se preocupa de buscarlas por todos los medios didácticos y autodidácticos. Son ese afán de imitación que posee, ha cosechado profundamente el tecnicismo actual, y alegra observar la gran cantidad de becas que entidades particulares y oficiales de gobiernos extranjeros y organismos internacionales otorgan a nuestro país. Las listas de becados chilenos comúnmente incluyen a destacados alumnos de las artes y las ciencias, hijos de modestos obreros, comerciantes y empleados , cuya nota media de capacidad, en sus centros de estudios superiores, superan con largueza a los demás alumnos de otros países del Hemisferio.
El juicio de Alberto Cabero, pues, es justo y no desmesurado y hasta denigrante como muchos críticos han tildado sus expresiones sobre el roto chileno, Cabero fue nortino y más que nortino antofagastino. Estudió psicología de nuestro hombre de pueblo y la expresó con llaneza ¿Crudo? No sincero,como debe ser todo analista. Hay mucho chilenos, de otras latitudes que consideran a los hombres del norte, autóctonos seres de las sierras peruanas o del alto andino, es decir, por las primeras, descendientes de los quéchuas y por esto último, descendientes de los aymarás.
No es necesario historiar la región para esclarecer el gen biológico nortino. Dejando de lado los pueblos precordilleranos cuya población es de pura extracción indígena: Atacameña, a excepción de Quillagua y Calama donde ímpera la sangre quéchua, los centros mineros, Chuquicamata, la región salitrera y los puertos están poblados de individuos de raza blanca, netamente mestiza chilena y un pequeño porcentaje de bolivianos netos venidos del altiplano a laborar en las azufreras o en Chuquicamata.
Es fácil comprender, entonces, de dónde emergió esta población blanca en la zona norte. Poco antes de la ocupación y reinvidicación del Litoral chileno, la población del puerto de Antofagasta era chilena en un 90% apróximadamente y 10% entre autoridades y policías bolivianas e individuos de otras nacionalidades. El censo oficial de 1885, cuyo texto impreso tenemos en nuestros archivos, nos da datos interesantes respecto al territorio de Antofagasta, como se le denomino oficialmente enseguida de su ocupación por nuestras armas.
Por ejemplo; que la población aglomerada del departamento de Antofagasta, incluyendo Calama, era de 11.871 habitaters y la rural que incluía centro mineros y Salar del Carmen, Carmen Alto, Salinas etc. 4.748 habitantes. Por cada 100 hombres había 72 mujeres. Un déficit peligroso en un medio en que la violencia, la embriaguez y la prostitución eran propicias a los mayores desmanes morales. Debe comprenderse que esta corrupción ya venía desde tiempos de la dominación boliviana, se acentuó durante la campaña del 79 cuando el puerto de Antofagasta sirvió de cuartel general y centro de concentración e instrucción de las tropas que combatieron en la guerra del Pacífico, con la proliferación de las chinganas y continuó hasta la década del 20 cuando las nuevas fórmulas sociales, dieron origen a la famosa Ley Long que proscribió la prostitución practicada en "salones" y "casas" como se les denominaba en la época a los burdeles.
Para poblarse, Antofagasta desde tiempos de su primer nombre La Chimba, tuvo que importar ciudadanos que dedicaran sus esfuerzos al desarrollo comercial y minero de la región. Se pobló de chilenos. Más tarde , cuando terminó la guerra del 79, cientos de soldados licenciados el Ejército, se quedaron a trabajar en las salitreras o en el puerto. Luego, los enganches el sur trajeron brazos venidos desde las zonas australes y centro de nuestro país. La zona ya había recibido con creces la sangre minera de Copiapó y de Taltal, cuando descubrieron las riquezas del suelo y formarón las primeras generaciones de antofagastinos en zona ocupada por bolivianos. Esta sangre y la de aquellos bravos venidos en los famosos enganches, han formado esta nueva generación antofagastina ¡Sangre chilena de todos los confines!.
El hombre del Norte tiene ampilo sentido de la vida. Sabe que vivir es trabajar y nadie mejor que el nortino para las tareas más arduas y díficiles. Es timbre de orgullo para todo nortino el saber hacer algo bien y honradaente.
Siempre se ha dicho que todo obrero, empleado o profesional que haya pasdo por la escuela del Trabajo que es el Norte, tiene asegurado su pan a donde vaya. La verdad es que normalmente a este hombre nortino se le abren las puertas de la comuidad, con sólo decir: "Señor, vengo del Norte".
E.A.B.

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