COBIJA Y MEJILLONES, AVANZADAS DE ANTOFAGASTA

   AUN, no habían silenciado su tronar los cañones de ayacucho, donde quedó sellada la independencia del Perú, cuando en Charcas, el Gran Mariscal, don José Antonio de Sucre, triunfante, era acogido con vítores, en medio de la algarabía  del pueblo que le tributaba de este modo, el lauro de la victoria.
   Trapos tremolantes y banderas multicolores batidos al viento, desde los arcaicos balcones, señalaban el paso de los soldados, con sus dignísimos  capitanes  a la vanguardia. Mujeres, niños y ancianos disputaban el derecho de caminar a la zaga de los infantes, en su casado marchar por las empedradas callejas de Chuquisaca.
   Los jubones recamados de oro y púrpura y el rapé de los señores de la Real Audiencia, habían dado paso a las charreteras y espadas de la Libertad, y tras éstas penetrarón, también , en Palacio, los espíritus libertarios de Rougat de L´Isle y de Juan Jacobo Rousseau.
   De una plumada se cumplió  la inspiración del Gran Libertador Bolivar, y la nueva República (Bolivar como quiso llamársela y que aquél no aceptó en un rasgo de altivo desinterés), y de otra plumada se legalizó la Carta Fundamental de la naciente nación, ate la Asamblea Constituyente.
   Ajena su mente de lo que podría ocurrir más tarde, el Libertados determinó por mandato absoluto suyo, dotarla de un puerto en el Pacífico que la salvase de su condición mediterránea. Así fue que un buque salido del Callao exploró la costa litoral sur y halló el puerto apropiado; Cobija.
   Sobre el asientode "changos" que había sido, luego puerto de tráfico español durate la Colonia, bautizado por el Virrey del Perú, D. Franciscode Toledo, como "Santa María Magdalena de Cobija" quedó fundado, o más bien refundado el único puerto boliviano, bajo el nombre del puerto "La Mar", Bolivar lo bautizó así para perpetuare él apellido del ilustre héroe de Junín y Ayacucho, general don José de La Mar.
   El decreto respectivo de la fundación de Cobija, lleva la fecha de 28 de Diciembre de 1825, pero esta resolución quedó en el papel por espacio de varios años. Quién realmente le dió el carácter de puerto, habilitándolo como tal para entregarlo al comercio, fue el presidente, Don Andrés Santa Cruz. el mismo que se autoproclamara Supremo Protector  de la Confederación Perú-boliviana, en su descabellado intento de unificar a las dos repúblicas.  
   Santa Cruz creó servicios administrativos, aduaneros y militares(policiales). Interesado en conocer su propia obra, en el terreno mismo, visitó con gran pompa, en Diciembre de 1932, el puerto de la Mar.
   En 1832, Guillermo Wheelwrigth, esforzado empresario norteamericano, precursor  del  Ferrocarril en Chile y Argentina, era patrón de un balandro llamado "El 4 de Julio", de propiedad suya, con el que hacía viajes periódicos entre Iquique y Valparaíso, vía Cobija, transportando salitre, mercaderías y agua potable en barriles para el puerto cobijeño.
   Más tarde mejoró el servicio con otro mayor, que denominó "La veloz Manuela", alcanzando con él hasta las costas de Centro América.
   Wheelwrigth, por la afabilidad, honradez y simpatía, hízose sumamente popular entre los comerciates  y autoridades de Cobija, donde ganó muy buenos amigos. El arribo del "Gringo"  Wheelwrigth (Wilráit) era esperado con ansiedad  por los cobijeños. Y cuando aparecía  su barco en la lejanía del tranquilo mar del puerto, el pequeño muelle se llenaba de gente  que iba a adquirir noticias o recibir  encargos, que el buen norteamericano no les diligenciaba tanto enn Valparaíso, como en el Callao, o caletas intermedias.
   Por todas estas manifestaciones de afabilidad, comprendía Wheelwrigth que era vital para el progreso de la costa del Pacífico, la creación de una flota de barcos que sirviese las ingentes necesidades de una población paulatinamente en aumento. Entonces fue cuando comenzó a madurar el proyecto que se tradujo, algunos años más tarde, en la actual compañía Inglesa de Vapores.
   El general Santa Cruz que tanta preocupación mostró por Cobija, también fue causa de que el pueblo sufriera quebrantos durante aciagos días de intranquilidad política, motines e incidencias armadas, que culminarón con la guerra entre nuestro país y la confederación.
   En 1835, tropas peruanas, al mando del Coronel Quiroga, venidas del Perú por mar, desembarcaron en Mejillones y después de una marcha penosa por las dunas, ocuparón Cobija, no sin antes haber librado un combate que duró algunas horas, en el cual encontró la muerte el Comandante General de Armas del puerto, Coronel D. Gaspar Aramayo.
   Dos años más tarde, por razones estratégicas, fuerzas chilenas ocuparon Cobija, sin que disparace un solo tiro. Era en ese entonces, Gobernador de Cobija, Don José Pío Ulloa, quién se puso inmediatamente a disposición de las fuerzas chilenas. Los ocupantes permanecieron en ese pueblo hasta que se puso fin a la guerra que provocó Santa Cruz, con su descabellado proyecto de dominar América. El general Bulnes desbarató los planes de Santa Cruz, en la famosa batalla de Yungay, en 1839.
   Con lo poco que hemos narrado, se tiene ya una idea más o menos exacta de lo que acontecía en esta región denominada Desierto de Atacama, virtualmente convertida por Bolivia, en su famoso Departamento Litoral.
   Regido por el prefecto de Cobija, autoridad máxima del Departamento, toda la actividad administrativa y económica de la región se desarrollaba en ese puerto, centro capital entrocado al gobierno de La Paz.
   La jurisdicción, emanada de Cobija abarcaba a los puntos poblados de Tocopilla, Vice Cantón, Duendes, dependiente de éste: Huanillos, pequeña Caleta donde  se embarcaban minerales de cobre; Hornos u Hornitos donde también se embarcaban minerales de cobre de las minas vecinas. Esta jurisdicción boliviana continuaba hacia la cordillera, tomando puntos poblados como San Pedro de Atacama, capital de la Provincia de ese nombre, dependiente del Departamento Litoral y los corregimientos de Chíu-Chíu, Toconao, Susquez, Peine, Socaire y Antofagasta de la Sierra, este último en la Puna, actualmente en poder de Argentina.
   El comercio de Cobija se desarrollaba a base de importaciones de mercaderías de ultramar y de Chile. Era el puerto de entrada o de abastecimiento de Potosí y sur de Bolivia, por donde se abastecía en su mayor parte.
   Un camino carretero partía de Cobija a Potosí, con este itinerario:
Cobija - Colupo        12 Leguas
Miscante - Guacate     5 Leguas
Colupo - Miscante    14 Leguas
Guacate - Calama       9 Leguas
Calama - Atacama    30 Leguas
Atacama - Potosí      68 Leguas 
    Cobija mantenía un fuerte comercio con Salta adonde llegaban normalmente en carretas, mercaderías de ultramar para importantes comerciantes de Argentina.
   Paralelo a este servicio de carretas, se creó una de postillones, con mulas, burros y caballos que servían  las vías intermedias en el interior.
   Idea de la importancia de este servicio la da el hecho de que empresarios particulares como don José María Artola, Antonio Barrau, Aguirrezaba y otros, poseían cada uno no menos de unos mil burros, unas quinientas mulas y más de cien caballos, aparte de carretas y birlochos. Los burros se utilizaban para carga surtida; las mulas para el transporte de muebles finos, espejos, pianos y piezas de máquinarias (se las denominaba "planeras"), para lo cual se aparejaban con albardones o aparejos especiales,  y los caballos para el transporte de carretelas y coches de pasajeros. el correo era transportado en magníficos caballos, cuyos recambios se hacía en las postas o posadas donde los viajeros encontraban comida abundante y buena  y blando lecho para el descanso. Los dineros  y papeles comerciales de valor, eran llevados por un hombre de confianza, al mando de las caravanas llamado, "remesero"; cambiaba de caballo en las postas y llegaba hasta el fin de la jornada o destino. La autoridad enviaba su correspondencia  oficial y otros documentos secretos y militares por medio de un "propio", hombre baqueano, valiente y temerario. Iba bien armado por temor a las acechanzas del camino, donde merodeaban bandidos o enemigos políticos del régimen que ejercitaba el poder.
 

Vista de Cobija, antes del terremoto y maremoto del 9 de Mayo de 1877. Era una ciudad hermosa, con edificios de madera de dos pisos, lindos chalets y una población de más de 5 mil habitantes.  El desastre  arrasó con toda la población y esta tragedia fue el comienzo del éxodo de sus pobladores.









   


     Grabado en 1866 mostrando parte de Mejillones y el edificio de la intervención Chilenna en virtud del tratado de Límites  con Bolivia, pero después este edificio fue desarmado y traído a Antofagasta y desde entonces sirve a los servicios de Aduana.
    Al fondo puede verse al buque de guerra chileno "Abtao", resguardando los derechos chilenos.





   "El trayecto hasta Potosí a punta Arce duraba  alrededor de 20 a 25 días" y a Salta, según Phillippi, sólo 14 días.
    Según hemos visto, Cobija era el único puerto detentado por Bolivia en el Pacífico. Tocopilla era apenas una simple caleta, y más insignificante aún, Duendes, Paquica, Huanillos, Punta Blanca y otras de menor importancia, todas las cuales no estaban abiertas al comercio y tráfico marítimo mundial por no estar habilitadas, de acuerdo a las leyes del Derecho Internacional Marítimo.
   Tales eran los puntos poblados existentes en la costa litoral que Bolivia detentaba por un equívoco del Libertador Bolivar.
   Asentado en este famoso derecho, Bolivia expandió sus costas en el Pacífico que hasta 1841 no alcanzaban más allá del grado 23°  por el sur y 22° por el norte, o sea, que la jurisdicción arrogada por Bolivia, en la costa chilena, jamás alcanzó hasta el punto denominado Mejillones. Por el norte, se había expandido hasta el punto denominado "desembocadura del río Loa", donde desde 1600 existía un pequeño poblado, cuyos habitantes primitivos fueron indios "changos", alos cuales se sumarón más tarde algunos soldados españoles, huídos de los ejércitos realistas. Estos dedicaron sus afanes a la pesca, agricultura y crianza de ganado cabrío. Existieron hasta 1860 algunas ruinas de casas y de una pequeña capilla construídas por los antiguos hispanos.
   La caleta de Mejillones se había levantado en la rinconada que hace en la costa, la Punta de Angamos, caleta que en tiempos coloniales había sido refugio de piratas. El lugar fue visitado por muchos navegantes y geógrafo antiguos entre ellos Alcedo y Wooddes Rogers, Alcedo lo denominó Mejillones por la abundancia de "choros" que halló en su amplia y tranquila rada.
   Esta caleta no habría tenido jamás importancia como puerto comercial y, tal vez, jamás habría suscitado  la codicia de Bolivia, si no se hubiese  producido el acontecimiento que promovió las cosas que llevaron a la guerra a nuestro país con Bolivia.
    Un francés Don Máximo Latrille y el chileno Matías Torres descubrieron en 1841, ríquisimos yacimientos de guano, hecho que ignoró Chile  en su oportunidad, circuntancia que muy aprovecharon las autoridades bolivianas de Cobija para proteger como producto estatal  de Bolivia aquella riqueza y otorgar licencias para su explotación y embarque en buques que recalaban a Mejillones.
   El gobierno de Chile, al conocer oficialmente esta usurpación por medio de los buques chilenos que recorrían  la costa del Pacífico, tomó las providencias del caso para conjurar el atropello a su soberanía y defensa de la riqueza guanera que constituía patrimonio del Estado.
    En efecto, el presidente de la ´República, Don Manuel Bulnes, una vez conocido el informe del capitán de un buque de guerra chileno, que daba cuenta que Bolivia había entregado en concesión todas las guaneras del Litoral, incluso las de Mejillones, a la firma Myers, Bland y Cía., envío al Congreso una Ley, la del 13 de Junio de 1842, que se reduce a los siguientes términos: "que se declaraba todas las guaneras de propiedad nacional; que se declaraba en comiso buque y carga que no tuviese permiso; que se autorizaba al Ejecutivo para establecer un derecho de exportación  o ejecutarla por cuenta del Fisco o por licitación pública, concediéndose por último, que los que estuvieren cargando de buena fé, un plazo de hasta el 15 de enero de 1843, para acogerse a las disposiciones de la "ley".
    En Mejillones existían las guaneras de Lagarto, Santa María, Orejas de Mar y Angamos, propiamente tal. Bolivia, por su parte, al tener conocimieto de las medidas proteccionista de Chile, desconoció abiertamente  la ley chilena y continuó  otorgando concesiones y licencias a Pedro López Gana sobre las guaneras de Mejillones Buques extraqnjeros embarcaban el guano en las distintas caletas y se hacían  a la mar sin conocimiento de nuestro país. Esta situación se prolongó por algunos años y en su transcurso, dio motivo para que Chile hiciera varias reclamaciones al Gobierno de Bolivia sin rsultados  positivos.
   La fragata chilena "Rumena", que cargaba guanos en oreja de Mar, en Punta de Angamos, fue apresada en una ocación por las autoridades de Cobija y llevada a este puerto, pese a las protestas de su capitán que alegaba  estar cargando  guano en territorio chileno y con licencia de su Gobierno. Pero la "Rumena" quedó presa en la bahía  de Cobija. Sin embargo, a las pocas horas de estar al ancla en la bahía, gracias a la audacia de sus marineros, logró evadirse de la vigilancia boliviana y huyó, aprovechándose de la obscuridad nocturna.
   En 1857, la corbeta chilena "Esmeralda", en sus corridas de vigilancia por la costa chilena , sorprendió y capturó al velero norteamericano "Sports man", al sur de Punta Angamos y se lo llevó a remolque a Caldera. Este suceso provoco un bullado  incidete internacional por reclamación diplómatica de los Estados Unidos que, felizmente, se soluciono sin mayores consecuencias.
   Empero, las cosas no pararon en estas pequeñeces de orden administrativos, provocadas por la autoridad de Cobija, sino que fueron más allá, a las esferas de gobierno. Ambas Cancillerías desataron una lluvia de reclamaciones sobre sus derechos a la explotación de Mejillones. El caso no fue el de la simple discusión por la explotación indebida de guanos, sino que Bolivia llevó el asunto al plano internacional, reclamando insólitos derechos territoriales sobre Mejillones.


   Grabado antiguo que muestra las "postas del Desierto", en la travesía permanente hacia Salta o  La Paz, sucre y potosí.
    Diariamente salían de Cobija al interior tres  o cuatro Caravanas de este tipo. En esta posada, como muchas, había comida, animales de remuda y lecho para dormir .


   
    Diremos que ya en 1843, Casimiro Olañeta, Secretario de Estado del Gobierno de Ballivián , había hecho una reclamación al Gobierno de Chile, sobre el límite de lo que creía litoral boliviano.
     Mientras la furia diplomática seguía su curso,  la vida de la región se desenvolvía monótonamente, Cobija , único puerto habilitado de Bolivia, continuaba recibiendo fuertes contingentes de mineros e industriales chilenos, venidos de Copiapó y Coquimbo para trabajar en las faenas mineras. Mejillones, al amparo de buques chilenos de guerra,  de estación  en esa caleta, mantenía en actividad las guaneras que, en repetidas oportunidades, como hemos señalado, era obstaculizada por las autoridades de Cobija, autorizando embarques clandestino, sin tasa ni medida.
   En tanto Mejillones adquiría importancia y notoriedad mundial por  su riqueza guanera, hasta ese instante el desarrollo industrial y administrativo del Departamento Litoral  se asentaba  en el comercio y la minería. y todo se desenvolvía  en su eje central, Cobija,  sede de la autoridad directa, del Estado. Muchos cobijeños miraban, sin embargo, a Mejillones como metas de futuros negocios, pese a que las contingencias internacionales  provocaban  algunas inquietudes.
   Un suceso de gran trascendencia diplomática, cuya gravedad casi provocó un conflicto armado, la suscitó Bolivia en 1843. Fue el proceso incoado al Industrial chileno, Matías Torres, dueño de varias guaneras en Mejillones, que le concedió nuestro gobierno.
   Se recordará que Bolivia había entregado en concesión  todas las guaneras del Litoral al industrial Pedro López Gama. Pues bien, este empresario presentó una querella al Juzgado de Cobija  en contra del mencionado Torres, por explotación ilegal de guanos en Mejillones. La causa se resolvió arbitrariamente contra el inculpado, cuyo Juez Instructor dictó sentencia condenatoria consistente en el pago de costas  por la suma de $ 1.058.12 por extracción de guanos clandestina y venta ilegal de los mismos, sin la debida autorización del demandante, concesionario legal de las guaneras, por parte de Bolivia.
   El Cónsul chileno presentó una densa reclamación  y el asunto llegó hasta las Cancillerías de las dos naciones. Tan tensas estuvieron las  relaciones que el gobierno boliviano, con una audacia sin límites, obtuvo del Congreso la dictación de la ley del 5 de Junio de 1863, que autorizaba al Ejecutivo declarar la guerra a Chile. Esta ley quedó en el papel. Bolivia echo pie atrás y no la hizo efectiva. Sin embargo, las relaciones diplomáticas quedaron interrumpidas por algún tiempo.
   Los meses que siguieron fueron la inestabilidad económica y de tensión política. Ni aún esta explosiva situación  pudo debilitar el interés y esfuerzo chileno por acrecentar los negocios y la actividad minera de la región, que continuó su desarrollo al margen de los embates políticos Santiago-La Paz.
   Un hecho trascendental para América, vino a trastrocar la vida normal del Perú, y por incidencia, la de Chile y demás países del Pacífico. En 1864, el almirante español Pinzón se apoderó, sorpresivamente, de las islas Chinchas, del Perú.
   Esta inusitada invasión española a América  del Sur, obsecada y absurda, sin lugar  a dudas, produjo trastornos en todos los países americanos, obligándolos  a tomar posiciones para enfrentar los problemas que de esta invasión se derivarían. Chile se apresuró en respaldar militarmente al Perú para contrarrestar al invasor, uniendo su escuadra de guerra a la de aquél para resguardar  sus costas, al mismo tiempo que emprendió una lucha para formar un frente común con Ecuador y Bolivia ante el gravísimo suceso provocado por España. Bolivia, a la sazón, era gobernada por José María de Achá, pero en Diciembre del mismo año, fue derrocado por el general D. Mariano Melgarejo, que inició su gobierno en su calidad de Presidente Provisorio.
   El comercio y la administración pública del Litoral sufrió hondamente  los embates de la guerra y esta guerra tuvo una consecuencia benéfica en cuanto a las relaciones chileno-bolivianas, pues provocó un acercamiento limando las asperezas y resquemores que había promovido  la cuestión de Mejillones. Papel preponderante en este acercamiento tuvieron el Presidente boliviano Melgarejo y su Secretario de Estado, don Mariano Donato Muñoz.



   Gracias a la política de confraternidad americana, sustentada por Perú y Chile y alentada por Bolivia, surgió la unión Americana, lema que,  agregándole las palabras "viva la", encabezó por algunos años, todo documento oficial intercambiado por los gobiernos de los países que se habían unido para enfrentar la invasión española.





 

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